Cuatrocientas noventa veces

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Mateo 5.7

Pedro estaba preocupado en cuanto a las veces que debía perdonar a alguien que pecara contra él. Se preguntaba si siete veces sería suficiente. Jesús dijo que, de ser necesario, deberíamos perdonar aun 490 veces. Es difícil imaginar que alguien llegara a donde uno 490 veces, en el mismo día, para pedir perdón. Jesús nos indica que nuestra disposición de perdonar no debe tener límites. Esto nos indica que no es posible perdonar demasiado.

Jesús nos da un ejemplo de cómo perdonar. Al leer Mateo 18. 23-27, me veo a mi mismo llamado ante Dios para dar cuenta de lo que he hecho. Él empieza a nombrarme todas las cosas escritas contra mí: “No ayudaste a ese hermano caído. Te quedaste con lo que me pertenecía. Te has olvidado de mí, tu primer amor…”

Mientras él continúa hablando, caigo sobre mi rostro ante sus pies y clamo: “Señor, ¡perdóname! Te prometo que cambiaré. Rectificaré todo mal que haya causado.”

El Señor me contesta: “Te perdonare todo”.

Al salir de la presencia del Señor, me encuentro con un hermano que me ha quedado mal. Le digo: “¡Tú me has engañado! ¡Tienes que resolver todo esto!”

Este hermano pide tiempo y paciencia hasta que pueda arreglarlo todo. No tengo paciencia con él, sino que lo rechazo y hasta lo odio.

Mis otros hermanos ven lo que yo le he hecho a mi hermano y vienen ante el Señor y le dicen lo que yo he hecho. El Señor viene a mí y me dice: “Oh, sirvo inclemente y rencoroso! Después de haberte perdonado, ¿no debiste haber perdonado a tu hermano? Estaré contra ti hasta que estés dispuesto a perdonar a tu hermano.” Joe Miller, Belleville, PA


Lectura Bíblica: Mateo 18. 21-35

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?

22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

Los dos deudores

23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.

24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.

25 A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.

26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.

28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes.

29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

30 Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.

31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.

32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.

33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?

34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.

35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

De gracia recibisteis, dad de gracia. Mateo 10.8

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